12 sept. 2011

Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo.

El refranero español está lleno de poesía, como la que ilustra esta entrada. En cierto modo a pesar de que los refranes se basan en la mera observación y conclusiones gentiles de la gente de antaño, cabe decir que algunos de ellos sí se pueden explicar con un poco de la ciencia del día a día....

Entonces ¿por qué se dice que cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo? Este refrán se suele decir cuando acabando el verano, va entrando el otoño y tal vez nos sorprende el frío invernal. Es más bien el cambio notable en la Naturaleza del grajo la que nos hace recapacitar sobre las temperaturas. Recordando un poco de meteorología, sabemos que las bolsas de fluídos fríos (agua, aire) pesan más que las calientes, lo que suele generar las llamadas corrientes.

Las aves, según la tipología de sus alas, presentan un tipo dominante de vuelo u otro, o también entremezclarlos (vuelo batido, estacionario-alas cortas y musculosas-, activo y planeo -alas anchas-). Normalmente el vuelo batido para despegar es lo más normal, pero una vez que están en el aire, las aves aprovechan las corrientes de aire para mantenerse, batiendo más o menos sus alas, o planeando. Si nos paramos a observar, veremos que cada ave suele mezclar los distintos tipos de vuelo.

Pues bien, si juntamos lo uno con lo otro, tendremos que al avecinarse los frentes de bajas presiones o quedándose ya instalados en nuestro derredor (y su frío asociado a ellas, cambio de tiempo, precipitaciones al principio y bajas temperaturas constantes después) el aire que nos envuelve también cambia, a pesar de que nosotros no lo observemos. Estas aves, se ven "empujadas" hacia abajo al no poder aprovechar las corrientes de aire caliente, que están bajas, porque el aire frío está viniendo (o ya está aquí) y las comprime. He de aquí por qué "cuando el grajo vuela rasante, hace un frío acojonante" (variación del refranero que acabo de encontrar buscando una imgen para ilustrar la entrada)


PD: He decir que en mi observación, he podido concluir que a las aves los cambios rápidos de corrientes y meteorología no les gusta nada. Este verano, en una de las tormentas repentinas que nos han asolado, he sentido cómo su aura negra se acercaba por el Castellar antes de verla, porque millares de pájaros volaban a una velocidad que parecía que los llevaba el diablo, justo en dirección contraria, hacia la Sierra de los Santos.  Supongo que cambios tan bruscos los "engullen" en las corrientes de aire, impidiéndoles el manejo de su propio vuelo.

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Fe de erratas Noviembre 2015: escribir 100 veces "meteorología" porque "metereología" no existe.