21 jul. 2011

El día de la operación

A partir de las doce de la noche anterior no se podía comer nada. Así que ese día, y super temprano, ya empezaban a enchufarte cositas a la vía, darte un poco de droja, y lo más desagradable para mí: poner la sonda para orinar. Ahí fue cuando descubrí que es en estas situaciones cuando un@ pierde toda su dignidad como ser humano y se convierte en un despojo dependiente de los demás, a merced de sus deseos y quehaceres.

A medida que el tranquilizante iba haciendo su efecto, yo iba retomando mi humor, y cuando me sacaron con la cama y sus rueditas para el pasillo yo iba cantando “Vamos de paseoooo, pi pi piiii, con un coche feoooo, pi pi piiii”. Y luego, cuando vi la cantidad de botellitas que ponían para enchufarme a la vía no pude otra cosa que decir “Uohhhh, me voy de botellón, vivaaa”. Es lo que tienen las dronjas, que siempre sale el sentimiento de exaltación y júbilo... ¡y eso que no me las habían metío en el colacao porque iba en ayunas!


Por suerte, era de las primeras que operaban, así que no tuve que esperar demasiado tiempo. Me llevaron supongo que al quirófano, que era como una sala de torturas llena de cacharros por todos lados, e intenté colocarme como pude con más frío que un camello en el polo Norte sobre la camilla. Ya entraron más personas, entre ellas la anestesista que hablaba raro raro, y una enfermera que quería atarme estando yo aún consciente, mientras escuchaba ya pitidos de máquinas enchufadas, el tomador del pulso en el otro brazo cada dos por tres, y me ponían unas especies de flores luminosas en tó lo alto que daban calorcito y me quitaban los tiritones del frío y nerviosismo.

La anestesista empezó a meterme inyecciones mientras yo le preguntaba de dónde era. Polaca me dijo que era, y yo que conozco gente de Polonia (Saludos a Marta si me estás viendo en estos momentos XD ), intentaba recordar alguna frase que decirle. Mi último pensamiento consciente fue “¿Matriuska era el brindis en polaco?” aunque no llegué a decirlo, sólo vi una mascarilla acercándose a mí y perdí la consciencia. [Buscando en el traductor de google: ¡zdrowie!]

Y en la nebulosa neblina de los recuerdos, hubo un instante que recuperé la conciencia. “bla bla bla despierta” escuché, y yo, que soy una chica obediente y no sabía muy bien qué había escuchado, intenté abrir los ojos. ¡Pero no podía! ¡Madre mía cómo pesaban los condenados párpados! Así que como quería decir que sí que estaba despierta, intenté hablar, y tampoco pude... Aunque logré escuchar un “duérmete” o algo así, y yo, haciendo caso, me volví a los brazos de Morfeo, más a gustico que un perrino chico.

Después de eso supongo que me pusieron en la sala de postoperatorio. La anestesia aún rondaba por mi cuerpo, y cada vez que abría los ojos había una persona distinta en la silla que tenía al lado: mi padre, mi madre, mi hermana... La doctora pasó por allí y preguntó qué tal todo, pero que no hacía falta que hablara, y yo levanté mi dedo pulgar intentando sonreír para conseguir esta pose:



Aunque seguro que no quedó tan bien. Mi hermana me preguntó si me dejaron entre Pinto y Valdemoro, porque una de mis preocupaciones previas era que yo no me quería quedar en Pinto, sino quedarme en Valdemoro pasao, y yo para mí que le había respondido que en Valdemoro, aunque después contrastando la vivencia con ella me dijo que sólo había musitado algo ininteligible XD

Visión subjetiva. Sí, hice fotos de todo a pesar de estar medio inconsciente XD

En el camino de vuelta a mi habitación me puse a decir que en el botellón me habían timao y me habían dado garrafón, porque vaya cómo me habían dejado la cabeza, y seguí dormitando hasta bien avanzada la tarde. Vinieron visitas, y también llegó una nueva compañera de cuarto. Yo me emocioné pensando en que tal vez con ella podría hacer carreras con los “carros de suero”... Y sí, en mi imaginación sonaba la melodía de carros de fuego de fondo.



Todo iba estupendamente. A las 5 ya fui más o menos persona y comenzaba a utilizar mi cuerpo por mí misma. Incluso podía intentar actualizar mi estado en las redes sociales, eso sí, escribiendo una ristra de letras que poco tenían que ver unas con otras para formar auténticas frases con sentido, jajaja, aunque las que tenían significado lo eran al más estilo "Vivaaaa vivaaaa", que muestra que he sobrevivido y que además tengo la actitud mental de Shin Chan, o "I'm still alive" con la que además queda patente que mi conexión neuronal sobre el lenguaje no materno no fue dañado.


 A las 7 ya la sonda me molestaba otra vez. Yo no soy de estar quieta mucho rato, más si es por obligación, así que le pregunté a la enfermera (las de ese día ya eran nuevas y mucho más amables y simpáticas que las del día anterior) que si me la podían quitar. Me dijo algo de tener ganas de hacer pipí y me puso una pinza en el catéter, y que a la hora o así la llamara. Yo no la entendí muy bien y a la hora toqué el timbre para que me quitara el tubo ese. Pero quitó la pinza y se vació la orina en el tubo, con la sensación horrorosa del succionar interno, y no me lo quitó. Y yo, pesada, le volví a preguntar, así que me aclaró que lo que tenía que tener eran ganas de hacer pipí, y que me volviera a esperar otra hora.



Yo ya estaba impaciente ¿otra hora? A la media hora, pesada de mí (lo siento) volví a llamar. “¿ya tienes ganas de hacer pipí?” me preguntaba. Y yo, que soy muy así le decía “es que yo hago pipí cuando quiero” y ella “pero si no tienes ganas no” y yo “ es que sólo tengo ganas de hacer pipí de verdad cuando estoy en la cola de las discotecas después de hacer botellón, salir por ahí y beber como cosacos toda la noche...” y después de eso me miró, quitó la pinza y me dijo “¡si no has hecho casi nada! Espera otra hora”. Y me quedé hundida en la miseria hurdiendo mi plan para hacer pipí: ponerme nerviosa que eso siempre funciona.

Inciso para explicar que sí, que en las situaciones de estrés y nerviosismo, para escapar a posibles peligros inminentes, una de las estrategias del cuerpo es eliminar liquidos. ¿Nadie tiene que mear de repente justo antes del examen a pesar de haber ido mil veces? ¿No se ven en las pelis como los cobardes se orinan encima en situaciones de peligro? Pues sí, queridos, sí, todo está orquestado por el sistema nervioso involuntario.

Y me funcionó, esta vez esperé no más de tres cuartos de hora, y la muchacha no sé ya si por lo pesada que yo era o por qué, pero me quitó la sonda. Eso primero fue un escozor, pero luego un alivio divino, y ni corta ni perezosa, me dispuse a intentar enderezarme para mover tripillas.

Una laparoscopia es una intervención poco invasiva, donde con tres cortecitos: uno para la cámara y dos para las tenacillas y demás instrumental si es necesario, te quitan lo que te sobra. Lo que yo te diga, esto es como una liposucción pero a lo sano :D Así que aunque la sensación era incómoda, pude incorporarme un poquillo.


No te dejaban comer y mucho menos beber. Estar un día entero así, a pesar de tener el suero glucosado pinchado en vena, da mucha hambre y mucha sed... Aunque sí que te dejaban mojarte los labios con una gasa o hacer enjuagues con agua sin tragarte nada. Así que aquí tengo que reconocer que como paciente puedo llegar a ser cansina, porque yo ya quería comer, beber, andar... cosas que realmente no tendría por qué hacer aún, así que cuando después de las diez me dieron un zumito de melocotón mis ojos desprendían estrellas y amor por tan buen acto de piedad. Y ya con las fuerzas que me dió el zumito, salí a dar un mini paseo a una velocidad casi negativa de lo lentita que iba, que ya que estamos, tampoco hay que pasarse con los movimientos.

Esa noche se quedó mi padre conmigo, porque como decía mi madre, muy tranquilizadora ella, si me pasaba algo como desangrarme (esas ideas optimistas que toda madre tiene) y se acababan todos los grupos sanguíneos afines a mí por alguna alineación planetaria, me podrían conectar a él en paralelo o continuo (vete tú a saber si funciona como las corrientes eléctricas) ya que compartimos el mismo grupo sanguíneo. Así que con esa serenidad y sosiego dormité hasta que se acabó el mentalista. Y como hacía un frío de mil demonios, ya que no había regulador de temperatura en la habitación, me levanté cual fantasma para darme un paseíto y estirar las piernas, y me acerqué a la sala de enfermeras a pedir un par de colchas por piedad. Eso sí, susto que se llevó la pobre enfermera, que me recordó “que el timbre está para algo” y yo “es que así me doy un paseo y molesto menos ¿no?”... Nos arropé, e intenté dormir hasta el día siguiente.