20 jul. 2011

Ingreso en el Hospital


El día que ingresé en el Hospital emocionada entré en mi habitación que aún no compartía con nadie. Me puse esa bata tan sexi que te dan en los centros médicos y ni corta ni perezosa me fui junto a mi hermana a inspeccionar las demás plantas del edificio, con el aire de superioridad que da el tener puesta esas pulseras VIP (very important/ill person)

Detalle de las pulseras especiales.

Es curioso las obras de arte que cuelgan en esos sitios ¿nadie se ha fijado? Por lo menos allí daban un poco que pensar... El cuadro de Picasso del pintor y la modelo lo tenían bastante repetido, y por otro lado también los había de colores que siempre hacen cuestionarse el estado mental del artista.

Cuadro “El pintor y la modelo” de Picasso.

En el piso superior nos cruzamos con un hombre que llevaba un pijama verde un poco más sexi que mi bata, y con una sonrisa le comenté “¡qué bonito pijama!”. En principio pensé que sonrió para sí mismo, aunque ahora no estoy tan segura...


Cuando volvimos a mi habitación, estaban dos enfermeras furiosas (supongo que al final de su turno) esperándome en la puerta y con cara de pocos amigos. Me riñeron por no estar en el cuarto, pero en ningún momento me habían dicho que no podía salir de él ¿no? ¿No existe ningún manual para el enfermo recién ingresado? Porque esa debería de ser una de las cosas que tendrían que estar escritas en él: No salir de tu habitación bajo ningún concepto, y resaltado en negrita: no enfadar nunca a las enfermeras que te tratan.
Enfermera "chechi", para alegrar la vista al lector.

La vía obligatoria me la habían colocado enseguida (antes de la excursión) con su respectivo saque de sangre para analizar... y ahora tocaba la prospección a los demás orificios vitales. Yo siempre he sido estreñida, de las que dicen “por detrás ni el bigote de una gamba”, y mientras le explicaba esto a la enfermera que asía una cuchilla para depilarme la zona barriguil, la otra enreaba cogiendo otras cosas por detrás.

Se ve que no soy la única que lo piensa/pensaba. En La tostadora veréis esta camiseta tó mona.

Estas dos señoras se debían pensar que todo paciente sabe lo que ha de hacer en cada momento, porque les sorprendió que yo no supiera dónde sentarme o cómo o qué tenía que hacer... Entretanto a la de la cuchilla yo le comentaba que me había traído mi “Silk Epil” para depilarme lo que hiciera falta (las cuchillas sólo te hacen crecer los pelos con mucha fuerza, como si tuvieras barba, y encima luego pica ¿para qué he estado tantos años depilándome si en un afeitado me estropean tantos años de debilitamiento del vello?) pero fui demasiado lenta, y ella afeitó lo que quiso afeitar sin más... Y en el descuido de pensar ¡ay mis pelos! Ya la otra cogió su vaselina y sin ningún cuidado me introdujo el enema por donde debía.

Claro está que en esta situación te sientes totalmente invadida, dejas de tener la elección de qué hacer con tu cuerpo... ¡Pero un poquito de cariño no hubiera venido mal!  Que ya de por sí es una experiencia algo traumática... o al menos eso pensaba yo por el momento. Así que me bajé del trono y me mandaron de nuevo a mi cuarto. Y yo, con mi culino apretao fui lentamente a la habitación donde estaban mis seres queridos, mascullando entre dientes que tenía toda la noche libre para poder haberme depilado en vez de afeitado si me hubiera dicho el área a quitar pelo...

Hago un inciso para comentar, que aunque sea una tontería, el amor palia el dolor, y está comprobado. Por eso cuando una madre le da carantoñas al niño que se raspa las rodillas, a éste se le pasa más rápido el llanto que a uno que no se la dan. Es curioso el cuerpo humano ¿no?


Y bueno, apreté el culino todo el tiempo que pude, pero ese agua fría tenía que salir por donde la habían metido, y me agarré al váter hasta que la limpieza intestinal hubo concluído.

Sin embargo, ese no era el único orificio que había que limpiar... Me trajeron un botecito rosa que no era otra cosa que una ducha vaginal. Yo, ignorante de mí (gracias a estar sana tantos años y menos mal) no sabía el complejo mecanismo de funcionamiento que tan fácil decían que era... Así que fui a preguntar. “Vete a tu cuarto” fue la 'amable' respuesta, y allí que me fui a esperar instrucciones... Y la verdad es que no era tan difícil (sólo sacar el pirindolo blanco para arriba), pero para esos casos, que pongan dibujitos como los de IKEA, que mira que serán extranjeros, pero para montar los muebles no hace falta nada más.



También me dieron liquidito rosa (sí, muchas cosas rosas: los botes, las paredes, el desinfectante... qué bonito el ala de maternidad) desinfectante para el cuerpo y la boca, así que una desinfección completa del cuerpo fue lo que tuve que hacer al día siguiente nada más levantarme.
Visión subjetiva, y ¡paredes rosas!

Mi primera cena... ¡Mmm, qué rico!




Probando las inclinaciones de la cama... Mi pá fue el que le dió a la manivela hasta casi convertirme en un sandwich aplastaíno XD






Esa noche mi madre se quedó conmigo. Mi madre es de esas madres que tienen una imaginación desbordada para los males fatales, y que más que tranquilidad te ponen nerviosa histérica... Pero tras un suave intercambio de ideas, consiguió evitar temas peliagudos y no ponerme peor de lo que estaba, porque yo cuando llegué estaba muy tranquila, pero con el paso de las horas y las trepanaciones, ya no lo estaba tanto.