4 feb 2020

Tejedoras del Cambio, la fuerza de mujeres emprendedoras.

Durante el mes de diciembre, estuve apuntada a un curso de la red emprendeverde, y a partir de sus contenidos, ODS y bifurcaciones llegué a esta historia el 14, que me gustó mucho y quería compartirla con vosotros. 

El curso que hice es porque quiero emprender. Mis enfermedades crónicas, incapacidad laboral que va a ratos y a cachos, y mi terapia autoimpuesta para no pensar en el dolor de tejer y hacer ganchillo, me llevaron a la ilusión de que quizá podría vender las cosas que confecciono para poder vivir de ello (en realidad lo veo complicado, pero ahí estoy, intentando convencerme del ¿Por qué no?) y creo que ver que las complicaciones de la vida de otras personas también le llevan a unirse en torno a esta actividad me ha hecho sentirme identificada con ellas aunque sea de refilón. 


En la foto aparece Raquel Fernández, que es una de las ocho impulsoras del proyecto que llevan a cabo desde hace muchos años y a quien entrevistan en el enlace que os pongo un poco más adelante. 

Se agruparon varias mujeres del ámbito rural; ellas mismas esquilan sus ovejan, trabajan el hilado y tejen. Supongo que al principio fue complicado, pero con el tiempo se han abierto su espacio, tras mucha formación y transformación. También colaboran con la comunidad, la escuela, se ayudan entre ellas...

Como publican en la web del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo: 
Flordelana es una iniciativa de referencia que ha logrado poner en valor un recurso natural como la lana, se ha afianzado en su rubro y está generando importantes oportunidades para sus impulsoras y su entorno.
Creo que como ahora vivo en una zona rural de la Extremadura profunda, me tocó la fibra por eso también. El Valle del Lunarejo pertenece al Sistema Nacional de Áreas Protegidas de Uruguay (SNAP) desde 2009. En la Siberia tenemos la zona ZEPA, Zonas de Especial Protección para Aves, por lo que el parecido es más que evidente ¿no?

La Extremadura más rural y olvidada tiene grandes distancias entre sus pueblos, malas comunicaciones con el resto de la región y no digamos de las comunidades, supongo que por eso estamos en despoblación crónica, pero también es fuente de recursos y riquezas que no parecen ser apreciadas en todo el valor que aportan. 

Como un espejo, veo su historia reflejada en esta zona, por lo que sería genial contar con la ayuda de los organismos pertinentes para salir de este cronicismo, como ellas que fueron apoyadas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y sus intendencias gubernamentales ,o como lo hemos sido siendo en Extremadura desde 2014 gracias al Fondo Social Europeo, FSE. 


Sin embargo, esta historia todavía no tiene un final feliz, ya que aún no son capaces de vivir exclusivamente de lo que producen, y es que la artesanía, a pesar de crear piezas únicas, es un medio de vida que no se valora económicamente por el esfuerzo que cuesta crear cada pieza, sino que en esta sociedad consumista de chollos, aún el dinero sigue siendo poderoso caballero y nadie quiere pagar lo que cuesta. 

Así que para colaborar a la difusión de su trabajo, os dejos sus canales de venta (de los materiales y prendas que confeccionan): la tienda que tienen en el Valle de Lunarejo, su página de Facebook y las ferias locales y regionales. 

Fotos: © PNUD Uruguay/Pablo La Rosa

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchas gracias por tomarte un minuto para comentar :D